barrio 102

Queremos saber de ti

    Cinco minutos antes de abrir la puerta en el barrio 102

    Hay capsulas temporales que son muy especiales, espacios de tiempo que tienen un olor y un sabor característicos, como los silencios en la música. O como esa sensación antes de inaugurar un negocio, esos cinco minutos antes de abrir la puerta en los que esfuerzo, ilusión y fe se dan la mano.

    No es directamente proporcional pero el barrio de Puerta del Ángel está viviendo un momento similar. Esto no significa que nosotros seamos los causantes, ni que tengamos responsabilidad directa sobre ello, simplemente que día a día caminamos por sus calles y tenemos claro que está sucediendo.

    A poco más de un mes del desembarco del grupo Hostelero de Sala Equis con tres nuevos locales que vienen a revolucionar el barrio, con un verano muy especial a la vuelta de la esquina, este barrio absolutamente maravilloso sigue con su día a día como si nada.

    Esto es la grandeza de los que están hechos a los cambios pero que nunca cambian. Sin ninguna duda, esa es nuestra esperanza.

    Este siempre será para mi el barrio en el que Luis hace una tortilla picante en su bar que es absolutamente excepcional, el barrio en el que Toñi gestiona la terraza del Altamira entre el el orden y el amor, sí el amor. Porque, para los que no nos conocéis, deberíais saber que si hay algo que caracteriza el barrio 102 de la capital es el amor.

    Ahora estaréis pensando que él que escribe ha perdido la cabeza o simplemente tiene un ataque “sentimentaloide”, no es así. Simplemente es que soy vecino del barrio y lo sé, no solo lo sé sino que lo experimento cada día. Un día común puedes ver infinidad de cosas que suceden en estas calles pero solo con “bajar el volumen del ruido” y mirar con otros ojos, o mejor dicho con los ojos “de verdad”, verás al amor trabajar en un terreno fértil.

    Cada mañana caminas hacia el metro en sus pequeñas y soleadas calles saludando, conociendo y reconociendo al vecino. Aquí sabemos más o menos en que calle vivimos y nos cruzamos a menudo. El saludo es algo que forma parte del barrio esta tan claro como que el Paseo de Extremadura es el Paseo de Extremadura.

    Caminas pasando entre coches aparcados y contenedores de basura, puede parecer poco romántico, pero en realidad lo es. Esa imperfección humana que, a diferencia del centro, no esconde sus miserias por la simple razón de que no lo son. Algunas calles no tienen las aceras perfectas y la naturaleza se abre paso en cada grieta del asfalto, más imperfección perfecta.

    Hace poco me visitó una amiga que vive en París, imaginaros, París un referente histórico. Deliciosamente fue sintiéndose dentro del barrio y con la sensibilidad que la caracteriza, mientras estábamos en el mercado de Tirso, hablando con Cesar, Adriá y los demás, me susurro al oído “qué lugar tan especial”. Como una ola de orgullo me recorrió el cuerpo, un frescor, un brillo en los ojos… o simplemente amor. Y pronto esa sensación me produjo un irrefrenable deseo de protección. Solo pienso una y otra vez que la única manera que tenemos de proteger este “santo grial” de la humildad que es puerta del Ángel, es seguir siendo humildes.

    Seguir emocionándonos con el que llega, seguir mostrando nuestras imperfecciones, seguir aceptando las del nuevo, seguir abrazando con la mirada en cada saludo.

    Porque así somos, imperfectos y amorosos, por lo tanto valientes ya que la impostura, el rechazo y el odio son las armas de los cobardes.

    Pasaran los años y con ellos los cambios, pero sueño despierto que Puerta del Ángel seguirá al igual que la pequeña aldea gala de Astérix y Obélix, como un reducto de sana imperfección en la que gane quien gane, gobierna de un modo velado el Amor.

    Yo soy del barrio 102.

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